2000 --- Partners' Hands --- Image by © Royalty-Free/Corbis

“This is  why you were chosen. Because a strong man, who has known power all of his life, may lose respect for that power. But a weak man knows the value of strength… And-knows-compassion”. – Abraham Erskine explicando a Steve Rogers por qué ha sido elegido para convertirse en el Capitán América.

Es difícil no ver la maldad. Y más difícil aun no experimentarla. A todos nos ha tocado alguna vez confrontar al envidioso, a aquel que goza con el dolor ajeno, porque este le hace sentir poseedor de aquello que le faltaba, o porque simplemente disfruta ejerciendo una caricatura de dominio sobre los demás. Todos lo hemos sufrido, y muchos han sucumbido. Muchos han sido tan lastimados que han optado por creer que vale la pena seguir ese ejemplo, que es la única forma de estar realmente protegidos, de hacer “algo” en la vida, de ganar (¡de una vez por todas!), y si, que todo sea más fácil. Por supuesto, a todos nos gusta que las cosas sean más fáciles, esforzarnos un poco menos, y sobre todo sentir mucho menos dolor… La cuestión es que en ocasiones la vida pide más de nosotros, requiere que seamos un poco mejores que eso, que demos más y hagamos lo correcto. A veces la vida necesita que seamos buenos.

El problema es que a la sociedad no le gusta que seamos buenos. De hecho, a la sociedad no le gusta que seamos nada distinto o especial. Cuando somos distintos o especiales no puede vendernos cosas que no necesitamos, o controlarnos por vía de una falsa sensación de inferioridad. A la sociedad le gusta mantenernos asustados, regidos por una suerte de “ley del más fuerte”, en la que nos hacen creer que todos podemos ser iguales, y sin embargo siempre hay alguien que golpea y hiere, justamente, porque tiene miedo de ser tan ordinario como los demás (menuda ironía), así que necesita imponerse. Basta que un niño pequeño sueñe con héroes, imagine que un vulgar palo de madera es una espada mágica, o anhele salvar al mundo, para que un ejército de bullies lo atormente en la escuela, para que sus mayores se burlen de él, para que sus padres le digan que esa no es forma de ganarse la vida y debe ser más realista… Basta con que manifieste sentimientos de ternura hacia otros; hacia un animal lastimado, hacia un amigo al que quiere, para ser calificado de marica (si es hombre), o de estúpida (si es mujer). Basta con tratar de ser bondadosos para que alguien, en algún lugar, nos devalúe, nos satirice, y por supuesto, nos haga sentir que perdemos el tiempo.

Sin embargo, no lo perdemos. Porque todo esto que acabo de describirles, esta farsa, solo dura un momento (aunque ese momento pueda prolongarse unos años), y en cambio nuestra vida da para mucho más.

Debemos volver a soñar con héroes (más allá de la maquinaria Hollywoodense de hacer dinero, volteen a su alrededor: está pasando). Ya no basta con ser neutrales. No basta con ser espectadores lejanos, que ven pero no se involucran. Con “hacer lo que nos toca y ya”. Así, neutrales, se puede vivir toda la vida — y no está mal; ya va de ganancia eso a lastimar a otros –, como quien toma un caldo de pollo sin condimentar: insípido. Pero eso nos dejaría, justamente, con una vida insulsa. Hoy necesitamos hacerlo más que nunca, y dar ese extra que muchos temen entregar: ser buenos. No solo mirar desde lejos, sino hacer desde cerca. No solo dar opiniones, sino ejercerlas. No solo criticar al que hace mal, al que se aprovecha de la situación o lastima a los demás, sino hacer el bien, y en nuestra propia arena, ser un héroe. Más que nunca antes, ejercer la bondad del hombre común, ese que somos tu y yo, querido lector. No alguien especial porque nacimos así, porque tenemos algún privilegio o entrenamiento, más bien alguien fuerte, porque nos sobreponemos al dolor, alguien valiente, porque nos enfrentamos al miedo, alguien honorable porque preferimos hacer lo correcto, aun cuando lo incorrecto es más fácil y rápido. Un héroe, ni más ni menos, porque nos enfrentamos a nosotros mismos, antes que a ningún otro; a nuestras dudas y temores, porque estamos intentando dar un poco más… solo un poco más, todos los días. Porque alguien se beneficia con nuestro esfuerzo, y porque con ello hacemos de esta, nuestra casa, un lugar mejor.

Debemos pensar en héroes. Debemos actuar como héroes. La maldad está en todos lados. Necesita estar, como la luz que precede al amanecer, o como el pesar que mengua ante la felicidad, y siempre va a ser así. Lo que importa no es que haya gente mala… es que mientras haya un alma bondadosa, por más común que sea, en el mundo, una luz se enciende. D.T. Suzuki, el eminente maestro Zen, decía que en un cuarto oscuro, el cambio definitivo lo hacía la primer vela que se prende. ¿Cliché? ¿Sentimental? Tal vez un poco… Pero creo que el niño que tiene miedo a la oscuridad y que en la noche confortamos y hacemos sentir seguro, necesita un poco de sentimiento. Creo que el anciano que tropieza en la calle y cae al piso, al darle nuestra mano para levantarse necesita un poco de sentimiento. Creo que el amigo que la está pasando mal porque perdió todo lo que posee, y al que abrazamos con cariño, con el que incluso lloramos en empatía y compasión, necesita un poco de sentimiento. Demonios… Todos necesitamos, de vez en cuando, un poco de sentimiento. Aunque yo preferiría usar otra palabra: todos necesitamos, de vez en cuando, un poco de extraordinario.

Intentemos ser héroes. En nuesta propia vida, alrededor de las personas que conocemos. Aquí y ahora, justo en este momento. ¿Cómo? Es sencillo: siendo bondadosos. Con eso, por hoy, basta.

Gracias a todos por seguir aquí.

JC

Crédito de la imagen: 2000 — Partners’ Hands — Image by © Royalty-Free/Corbis

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