Por la Dra. En Psic. Ana Cristina González Fernández

Sin duda alguna, los acontecimientos catastróficos del 19 de septiembre, nos han marcado de forma directa o indirecta a casi todos los mexicanos. Hay quien está padeciendo tragedias familiares inimaginables, cuantiosas pérdidas materiales, carencia de vivienda, alimento y salud.

Sin lugar a duda, eventos que podrían paralizar emocionalmente a cualquier ser humano, pues son tantas las pérdidas y tan seguidas, que difícilmente se asimilan para empezar a trabajar en el duelo y la recuperación.

Entonces, ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo recuperar el corazón ante tanto dolor causado por la desgracia inesperada y cuando esta continúa?

Con estas interrogantes que me han hecho pacientes, familiares y amigos, es como me he dado a la tarea de sentarme a escribir este artículo, en el que pretendo compartir algunas estrategias basadas en los modelos de intervención en crisis, psicología positiva y mi propia experiencia práctica, que quiero compartir para que sea de utilidad especialmente para aquellos que tenemos la fortuna de ayudar y no ser ayudados. Aquellos que nos sentimos impotentes y hasta culpables, por colaborar unas horas y después regresar a nuestros hogares con nuestras familias. Aquellos que DEBEMOS seguir apoyando a nuestros hermanos mexicanos, ya que nuestra desgracia no ha sido mayor. Y, a pesar de ello, también tenemos el corazón triste y el rostro apesadumbrado.

Y, si bien estas líneas pueden parecer ante algunos ojos como prácticas egoístas, no pretendo de ninguna forma minimizar el nivel de dolor tan profundo que muchas personas están viviendo, ni faltar al respeto a los sentimientos de los demás, simplemente se trata de dar ideas que ayuden a rescatar el corazón, de quienes están rescatando corazones….

1) Desahógate en un lugar seguro

Busca un espacio físico adecuado, con tiempo determinado, donde puedas expresarte con algún familiar o amigo que esté en circunstancias parecidas a las tuyas.

No elijas a alguien que está en peores escenarios que los tuyos, ni a personas que dependan emocionalmente de ti de alguna forma, como tus hijos menores de edad, personas con enfermedades crónicas previas, etc. Te puede resultar contraproducente, pues ellos también necesitan fuerza emocional.

La idea central, es que puedas hablar de forma libre y honesta de lo que sientes y piensas: Tus miedos, frustraciones y culpas…. Llora, llora mucho si es lo que necesitas; vocifera y quéjate. En fin, saca de tu cuerpo y de tu mente todos los pensamientos que te angustien a través de la palabra y la expresión de sentimientos.

2) Desconéctate un poco del exceso de información

Si bien es importante estar informado, en ocasiones como esta, el exceso de noticias, mensajes y whatssapp sobrepasan los archivos emocionales de la mente y pueden provocar que se graben de manera consciente o inconsciente, sólo las escenas devastadoras y no las pocas notas alentadoras que te pueden hacer sentir mejor.

Procura tener sólo la información necesaria para poder ayudar y ayudarte, pues incluso, recibir información de 20 grupos en chat, puede sólo alarmarte, en lugar de informarte.

Aléjate de los supuestos amigos a quienes les agrada ser el centro de atención centrando su conversación en notas amarillistas que ni siquiera han comprobado.

Y, selecciona a las personas que si te darán información pertinente para que puedas participar de manera activa en alguna causa noble y lee o ve, sólo las noticias necesarias para estar informado, no sobre informado.

3) Concéntrate en lo positivo

Aunque en una situación de esta magnitud de desgracia definitivamente no se puede buscar un lado positivo, lo que si podemos es rescatar lo que enaltece la virtud humana.

Deja de lado los comentarios negativos respecto a si hay robos en despensas, si los partidos políticos las han usado en su beneficio, si están haciendo negocio en centros de acopio, etc. Pues si bien es cierto que crean incertidumbre y enojo, son situaciones que difícilmente están comprobadas, y además no las puedes resolver.

En lugar de pensar en estas ideas negativas, que conllevan un serio desgaste emocional, mejor centra tu atención en lo que sí está funcionando, en lo tu mismo has observado desde tu trinchera.

Empieza por hacer consciente lo que sí has hecho en pro de los demás de acuerdo a tus posibilidades, y evita pensar lo que por falta de tiempo, poder o dinero no has realizado. Toda ayuda en la que hayas participado y de la que te sientas satisfecho (por más pequeña que parezca), es una gotita más para rellenar tus reservas de emociones positivas.

Dale valor a la ayuda que has dado con tu familia y seres queridos. Desde dar seguridad a tus hijos menores, escuchar a otras personas en desgracia, ayudar a reacomodar la casa de un amigo, preparar comida para las zonas cero, hasta participar en obras de rescate. Recuerda que “No hay ayuda pequeña, todo suma”.

Trae a tu mente los instantes en que a muchos se nos ha puesto “la piel de gallina”, y donde las lágrimas han salido de forma espontánea al escuchar a personas que antes eran poco nacionalistas y que no creían en su gente, expresando frases como: “He recuperado la fe en la humanidad”, “nunca creí que en realidad todos fuéramos hermanos”, ”tengo que hacer más”, etc.

Piensa en la participación de los tan famosos millenians, quienes han demostrado que justo por su criticada inmediatez , han entregado el cuerpo y el alma , sin preguntarse a quién ayudan, sólo se entregan, llegan al lugar de los hechos actúan.

Recuerda el trabajo de los héroes desconocidos de casco amarillo y chaleco naranja que desde el minuto uno después del temblor, estaban parados sobre los derrumbes buscando rescatar vida, sin detenerse a pensar que su propia vida estaba en juego.

Observa a las amas de casa, oficinistas, estudiantes que hacen comida y reparten agua, en sus coches y camionetas, como si fuera para sus propias familias.

Investiga las Instituciones privadas que han abierto sus puertas para albergar personas y mascotas en desamparo.

Lee de quienes trabajan en el área de la salud, que han dado sus conocimientos, experiencia y medicamentos, para ayudar al prójimo.

Valora la participación de empresarios serios, que han colaborado donando en dinero o en especie para apoyar a la comunidad en lo inmediato y lo que se resolverá a largo plazo.

Concéntrate en crear una lista mental de todas estas acciones y sentimientos positivos que van en un mismo orden: Ayudar a quien lo necesita. Y siéntete parte de ello.

4) Provoca tener emociones positivas

Tal vez este sea uno de los puntos más difíciles de lograr en este momento, pero así como una mamá recién parida, que está muy cansada, se puede forzar a levantarse en la madrugada a alimentar a su bebé y sonreírle, también puedes empezar por provocar e incluso forzar que ocurran momentos gratificantes que te harán sentir menos triste y por tanto, que puedes contagiar a los demás.

Recuerda que si tu intención es ayudar, debes comenzar por sentirte bien tú mismo:

-Retoma tus hábitos básicos para estar sano: Comer bien, descansar y dormir suficiente.

– Si habitualmente hacías ejercicio o meditación, retómalo aunque sea pocos minutos al día.

– Apapacha a tus seres queridos. Abrázalos o bésalos, como habitualmente hacías. Especialmente a los niños y a los adultos mayores, pues esto les da seguridad y en ocasiones como estas, se pueden sentir desvalidos. Los abrazos fraternales, pueden ser muy reconfortantes para ti y los demás.

– Reúnete con amigos para hablar de temas que te distraigan y hasta provoquen alguna risa. Celebrar la vida, la amistad y el amor no es algo malo.

– Escucha la música que sabes te hace sentir bien y en otras ocasiones te ha servido para levantar el ánimo.

– Lee, ve programas de televisión o películas que te distraigan o hagan reír. En estos casos, la ciencia ficción y la comedia pueden ser muy positivas.

– Si tienes hijos pequeños, juega con ellos, lee cuentos, inventa historias o realiza cualquier actividad que estimule la creatividad e imaginación de ellos y la tuya.

– si tienes hijos adolescentes o jóvenes, evita centrarte sólo en los últimos hechos. Mejor pon tu atención en sus conversaciones divertidas y ligeras. Platiquen de sus amigos, de música o algo que sea de su interés.

– Ríe, trata de provocarlo y si lo logras, no te contengas, deja que fluya. La risa es una emoción natural del ser humano que provoca biológicamente una sensación de placer y bienestar.

5) Busca un objetivo

Piensa en qué y cómo quieres seguir ayudando, pues aunque parece que esto ya está pasando, aún queda mucho por hacer.

Fíjate un objetivo realista y has un plan de trabajo para lograrlo. Cuando lo concluyas de acuerdo a lo que te propusiste desde el inicio, tu nivel de satisfacción se elevará:

–  Si decides apoyar a una comunidad lejana, has la programación necesaria con fechas. Reúne lo que quieres llevar con un grupo de amigos donantes, busca el transporte y llévalo personalmente a entregar.

–  Si decides apoyar económicamente, busca la Institución u Organización que te dé más confianza, realízalo y constata hacia dónde dirigirán tus recursos.

–  Si deseas participar con tu tiempo y experiencia, busca un lugar donde puedas asistir con día y horario fijo a la semana, pues esto da mayor seguridad, que estar cambiando de sede.

6) Continúa trabajando

Muchos tenemos miedo y es lógico sentirlo, pero ante este sentimiento, procura ser más racional y proactivo: Analiza tu lugar de trabajo o escuela, pide a tus superiores que las autoridades competentes supervisen los niveles de seguridad. Practica simulacros y rutas de escape. Ayuda a crear brigadas de protección civil con tus compañeros. Mantente informado y participa activamente.

Es importante reactivar la economía de muchos negocios y seguir percibiendo ingreso para solventar nuestros gastos e incluso para continuar apoyando a los demás.

Trabajar y mantener el cuerpo y la mente ocupados, también es una forma de ir recuperando la estabilidad emocional.

Por ello, en la medida de lo posible, retoma tu trabajo habitual y combínalo con el objetivo de apoyo a la comunidad que te hayas trazado.

En conclusión, sacúdete la culpa y la impotencia, que en ocasiones se generan por no sentirte lo suficientemente útil. Y, valora tu participación activa en el apoyo a la comunidad, por minúscula que te parezca.

Utiliza las ideas de este texto y otras que seguramente se te ocurrirán, para reforzar tus emociones positivas y mejorar tu satisfacción personal.

Piensa en las estrategias, planéalas y practícalas aunque no sean espontáneas. Mientras más las ejercites, más fácilmente se convertirán en acciones cotidianas con un sello de autenticidad.

Recuerda que desarrollar tus emociones positivas a través de acciones pequeñas, te llevará a sentirte mejor y a compartir gratos momentos con quienes te rodean.

Recuperar la fuerza y la entereza, para rescatar el corazón, es una misión personal en la que puedes empezar a trabajar hoy mismo, para lograr tu bienestar y el de los demás.

Dra. En Psic. Ana Cristina González Fernández

Universidad de las Américas CDMX

psicanacgonfer@hotmail.com

Ciudad de México, 26 de Septiembre, 2017

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